martes, 28 de mayo de 2013

Clase III: actividades

Consigna 1
La siguiente actividad tiene como finalidad explorar el tema, entornos educativos y estrategias cognitivas, de una manera libre y creativa:
  • Imaginá que -por razones que aquí no explicaremos- sos la única persona en el mundo que conserva la capacidad de leer y de escribir, de representar a través de diferentes códigos las palabras. La humanidad  ha vuelto a un mundo completamente oral. Como fuiste un reconocido académico en el pasado y comprendés que los conocimientos, almacenados en códigos durante siglos, pueden perderse; deseás, obsesivamente, que las personas puedan recuperar el arte de la lectura, la escritura, o al menos la capacidad de codificar y decodificar en algún tipo de código. ¿Cómo proceder? 
Considerá lo siguiente: 
  • ¿El conocimiento almacenado en tu memoria es suficiente para enseñar a leer, a escribir, o a dibujar...?
  • Si las estrategias son caminos para llegar a una meta: ¿qué plan trazar?
  • ¿Utilizarías el entorno de alguna manera especial? David Perkins,  en La persona-más: una visión distribuida del pensamiento y el aprendizaje, escribe: ¿Qué es una persona como agente cognitivo? La mayoría de las concepciones acerca del pensamiento y del aprendizaje se inclinan hacia la persona solista, descuidando el hecho de que se utiliza el entorno (incluyendo a los demás) para apoyar, compartir y emprender aspectos completos del procesamiento cognitivo. (...) Los pensadores activos reúnen, a su alrededor, un rico entorno e interactúan con él de maneras sutiles para lograr resultados que a la persona solista le resultarían arduos. 
Finalmente,
    • Publicá un texto en la sección de comentarios con el formato que más te guste: cuaderno de apuntes, diario personal, dibujo del plan de acción... Este texto representa tu manera de encarar el problema que deseás resolver.
    Consigna 2
    La siguiente actividad tiene como finalidad promover el análisis de algunos conceptos relacionados con los entornos educativos y las estrategias cognitivas.
    Mirá el siguiente video y analizá la propuesta educativa de los docentes, teniendo en cuenta:
    • cómo se configura el aprendizaje 
    • la utilización del entorno
    • cómo se utilizan las estrategias de aprendizaje
    Publicá tu análisis en la sección de comentarios. Considerá el siguiente criterio: los aportes de los compañeros deben ser tenidos en cuenta como su contribución personal a una conversación colectiva. No reiterar lo que otros han dicho. Sí, apoyar, discutir, ampliar...
    Una yapa: el manifiesto edupunk


    lunes, 27 de mayo de 2013

    Clase II: Estrategias cognitivas y Entornos educativos



    Ideas fuerza 



    - El concepto de entorno educativo abarca más que el aspecto físico de las aulas.
    - Puede funcionar como vehículo del pensamiento y como base de una parte del aprendizaje.
    - La enseñanza puede mejorarse si trabajamos con entornos estimulantes y los utilizamos como una herramienta para apoyar el proceso cognitivo de nuestros alumnos.
    - La mente no trabaja sola, hay que considerar a la persona más el entorno.

    - Al entorno hay que sumarle los contenidos y las estrategias: ...La relación entre temas y la forma de abordarlos es tan fuerte que se puede sostener que ambos, temas y estrategias de tratamiento didáctico, son imprescindibles. Esto se debe a que las estrategias que elige e implementa efectivamente el docente son determinantes del carácter que adquiere la información que entrega a los alumnos, el trabajo intelectual que estos realizan, el papel que asumen los valores que se ponen en juego y la interpretación resultante de los procesos estudiados y vividos... Camilloni, Alicia (1998)


     Algo sobre los entornos educativos…

    David Perkins plantea que nuestro conocimiento está distribuido en el entorno:
    1. Físicamente, en herramientas -apuntes, diarios, carpetas, calculadoras, ordenadores– que sirven para estructurar la tarea de manera más eficiente.
     2. Socialmente, en las actividades de aprendizaje con interacción entre personas. Los otros ejercen una función, docentes y  pares influyen en nuestros procesos de aprendizaje.
    3. Simbólicamente, en las actividades que los sujetos desarrollan en colaboración con sistemas simbólicos (el lenguaje oral y/o escrito, los lenguajes formales, los sistemas de representación y notación, por ejemplo) y que sirven para reorganizar el funcionamiento mental.

    Veamos un ejemplo acerca de cómo utilizar el entorno para apoyar el aprendizaje:

    Un marco para la enseñanza

    "...Desde las concepciones actuales sobre el aprendizaje escolar se considera este proceso como una actividad constructiva en la que el sujeto no sólo se limita a recordar y reproducir el material que debe ser aprendido; más bien lo que hace es construir su propia representación mental del nuevo contenido, selecciona la información que considera relevante e interpreta esa información en función de sus conocimientos previos. Esta forma de concebir el aprendizaje como proceso de construcción pone de manifiesto que la manera cómo los estudiantes procesan la situación instruccional (incluido el material que debe ser aprendido) es un determinante más importante de lo que el estudiante aprenderá, que lo que hace el profesor y otros agentes instruccionales. Así, por ejemplo, el conocimiento previo, la percepción de las expectativas del profesor, la motivación, las estrategias de aprendizaje, la autoeficacia, las relaciones interpersonales, y otros muchos factores deben ser contemplados para lograr una comprensión adecuada del proceso de aprendizaje.
    Cuando hablamos de los mecanismos cognitivos implicados en la actividad constructiva que entraña el proceso de aprender, casi siempre se hace referencia al conjunto de actividades, operaciones y recursos mentales que pone en marcha de forma consciente y deliberada el sujeto que aprende, con el fin de facilitar la adquisición y comprensión de conocimientos. Estos componentes cognitivos que favorecen el aprendizaje y que se encuentran bajo el control del alumno, engloban una de las líneas de investigación más relevantes en los últimos años dentro del aprendizaje escolar..."

    Las Estrategias De Aprendizaje: Características Básicas Y Su Relevancia En El Contexto Escolar. Antonio Valle Arias; Ramón González Cabanach; Lino Manuel Cuevas González; Susana Rodríguez Martínez; María Baspino Fernández; Universidad de La Coruña.

    Algo sobre estrategias de aprendizaje…

    ¿Qué son?
    En primer lugar, se trata de actividades u operaciones mentales que realiza el estudiante para mejorar el aprendizaje. En segundo lugar, las estrategias tienen un carácter intencional o propositivo e implican, por tanto, un plan de acción.
    En todo caso, el dominio de las estrategias de aprendizaje requiere, además de destreza en el dominio de ciertas técnicas, una reflexión profunda sobre el modo de utilizarlas o, en otras palabras, un uso reflexivo -y no sólo mecánico o automático- de las mismas.

    ¿Qué estrategias de enseñanza puedo explorar  para promover el pensamiento estratégico en mis alumnos?

    -Demostración: es enseñanza por observación. Mostramos un proceso, un producto, una forma de hacer para que el alumno pueda imitarlo.
    -Preguntas: se utilizan como estrategia de comunicación, de reflexión, de reconocimiento de ideas previas,  o bien para estimular capacidades como relacionar, analizar, comparar, sintetizar, etc.
    -Estudio de caso: se narra una situación “real”  porque representa una problemática amplia, significativa o controvertida en el estudio de un tema. Este caso sirve de punto de partida para investigar, reflexionar, buscar soluciones.
    -Trabajo en equipo: consigna de trabajo para un grupo de personas que permita compartir los conocimientos individuales y producir en conjunto. Requiere aprendizaje sobre los modos de trabajo colaborativos.
    -Simulaciones: permiten realizar experiencias que son difíciles de lograr en la vida real. Se utilizan técnicas de escenificación y representación de roles o bien dispositivos como los programas de simulación. Posibilitan manejar situaciones, aprender de ellas, analizarlas, manipularlas, corregir errores, etc.
    -Estrategias de metacognición: sirven para tomar conciencia sobre cómo estamos aprendiendo o enseñando. Por ejemplo, analizamos cómo estamos realizando la tarea o nos formulamos preguntas como ¿en qué consiste la tarea?; ¿qué necesito saber?; ¿qué recursos materiales puedo utilizar?; ¿motivación?; ¿qué elementos actúan como obstáculo?; etc.

    Para sistematizar: las estrategias de enseñanza

    Bibliografía:
    LÓPEZ, S. (2013) Estrategias de enseñanza y diseño de unidades de aprendizaje: carpeta de trabajo: Clase 6. Universidad Nacional de Quilmes: Bernal.
    PERKINS, D. (2001) La persona más: una visión distribuida del pensamiento y el aprendizaje en Salomon, Gavriel (comp.) Cogniciones distribuidas. Amorrortu editores: Buenos Aires.
    ROTTEMBERG, R; ANIJOVICH, R (2007) Estrategias de enseñanza y diseño de unidades de aprendizaje: carpeta de trabajo. 1a. Ed. 1a. reimp. Universidad Nacional de Quilmes: Bernal.


    [i] Cognición distribuida: es el concepto planteado por los investigadores para describir el proceso  de interacción con el entorno que se despliega en el acto de conocer.

    jueves, 23 de mayo de 2013

    Clase I: Todo lo que oía lo repetía con las mismas palabras

    En general, tiende a analizarse el texto “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges como un relato sobre la memoria y el olvido:



    Siendo, sin duda, una reflexión sobre la memoria y el olvido, el cuento ofrece, a partir de una serie de referencias temporales fallidas, una lectura menos transitada que propone una discusión y una crítica sobre la construcción y la transmisión del conocimiento.
    Habitualmente, en las escuelas, se considera que el alumno ha aprendido, cuando puede recordar y reproducir lo que el docente ha transmitido en sus clases.
    El alumno ideal, entonces, sería un pequeño Funes.


    Este es un fragmento del cuento de Jorge Luis Borges. Te propongo que lo leas y conozcas un poco más a Funes. 
    Si querés escucharlo en versión completa, seguí este link: 
    http://www.ivoox.com/funes-el-memorioso-jorge-luis-borges-audios-mp3_rf_980185_1.html



    Jorge Luis Borges
    (1899–1986)


    Funes El Memorioso
    (Artificios, 1944;
    Ficciones, 1944)



    (...)
             Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona.
             Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro.
             Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles.
             Los años ochenta y cinco y ochenta y seis veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina.
             No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat y la obra de Plinio:
             El catorce de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba “nada bien”. Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El “Saturno” zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes. Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día.
             En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non usdem verbis redderetur auditum.
             Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más dificil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.
             Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.
             Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo. (...)


    La siguiente actividad tiene como finalidad reflexionar acerca de los usos de la memoria en la escuela. 
    Basándote en tu experiencia, escribí un comentario relacionando:

    1. Estas palabras de Funes: "Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras" 
    2. El pensamiento de David Perkins sobre el conocimiento que se imparte en la escuela:
    Una deficiencia: el conocimiento frágil
    Esta es la principal deficiencia de la educación. Llamaremos a este fenómeno conocimiento olvidado, el conocimiento que alguna vez tuvieron, ha desaparecido de la mente de los alumnos.
    Existen otras deficiencias tales como el conocimiento inerte, el conocimiento ingenuo y el conocimiento ritual.
    Conocimiento inerte. En situación de examen, recuerdan los conocimientos adquiridos, pero luego son incapaces de recordarlos en situaciones que admiten más de una respuesta y en las que verdaderamente los necesitan.
    Conocimiento ingenuo. Los alumnos captan muy superficialmente la mayor parte de los conocimientos científicos y matemáticos fundamentales.
    Por lo general, los estudiantes se desempeñan bien cuando se les pide que repitan hechos o apliquen fórmulas, pero cuando se les pide que apliquen o interpreten algo, con frecuencia se descubre que no pueden realizarlo.
    Conocimiento ritual. Aprenden a seguirle el juego a la escuela. No entienden lo que se les enseña, o al menos no por completo y compensan esa deficiencia con rituales que funcionan bastante bien, en el mundo artificial de las clases habituales.